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Amplificación: El uso de prótesis auditivas puede reducir o eliminar algunos tipos de acúfenos. Si el paciente tiene una pérdida de audición y el acúfeno está en las frecuencias del habla, este procedimiento será el más adecuado. Las prótesis amplificarán el ruido externo y enmascararán el acúfeno.
Enmascaradores: Desde 1977 se vienen usando estos aparatos también llamados generadores de ruido. Externamente son parecidos a las prótesis auditivas y emiten un ruido específico. Para algunos pacientes, este ruido externo es más agradable que escuchar el sonido de su acúfeno. Algunas veces, un enmascaramiento efectivo se puede conseguir con enmascaradores nocturnos, cintas o CDs especiales e incluso, la señal de la radio sin emisión.
Biofeedback: Es un método de relajación que ha tenido mucho éxito con los dolores de cabeza y las migrañas. Es muy efectivo al enseñar a las personas a enfrentarse al estrés. Se ha comprobado como el estrés empeora considerablemente la percepción del acúfeno. Enseñar a controlar el estrés puede ser de utilidad en algunos casos.
Fármacos: Se han estudiado varios fármacos para tratar de eliminar el acúfeno. La efectividad de estos fármacos ha sido muy baja, solo han ayudan a un pequeño grupo de pacientes. La más efectiva ha sido la Lidocaína (anestésico local), sin embargo, debe de ser administrada vía intravenosa, sus efectos no son definitivos y tiene varios efectos secundarios no deseados.
Habituación Auditiva: Es una nueva técnica que trata de re-entrenar el sistema auditivo enseñando al paciente a prestar atención hacia otros elementos de su mundo sonoro. Se utilizan unos aparatos similares a los enmascaradores combinados con unos ejercicios que favorezcan tanto la habituación a la percepción del acúfeno como la reducción del estrés que puede haber generado la presencia de éste.
Tratamientos dentales: Se usa en pacientes con acúfenos y disfunciones temporomandibulares. Los síntomas de esta disfunción temporomandibular son dolor detrás del oído, ruidos al masticar y acúfenos.
Counselling: Incluye terapias cognitivo-conductuales, medidas educativas y terapias de grupos. Son las soluciones propuestas para aquellos pacientes que no son capaces de enfrentarse por sí mismos a su acúfeno.
Implantes cocleares. Esto es una técnica limitada a las personas con sorderas profundas. Muchas de estas personas han notado una mejoría al ser implantados.
Estimulación Eléctrica. Es una terapia aun en fase experimental en la que se transmite energía eléctrica a la cóclea vía unos electrodos colocados cerca del oído. Aunque algunos pacientes han mejorado, algunos han empeorado considerablemente con este tipo de terapia. No es recomendable ya que aun se encuentra en fase de estudio.
Otros. Algunos pacientes han encontrado ayuda en la hipnosis, la acupuntura, la homeopatía y algunas medicinas alternativas, pero no se recomiendan ya que no han demostrado tener grandes efectos beneficiosos, y en algunos casos hasta se ha llegado a empeorar el síntoma.
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Los Acúfenos cervicales son como silbidos permanentes que en general (no siempre) cambian de intensidad. En ocasiones el paciente en medio de un fuerte zumbido siente que se le tapona el oído, como si estuviera escuchando desde lejos. Al investigar estos casos, se descubre que el zumbido está asociado a otros síntomas:
Dolor de nuca: el paciente siente una fuerte molestia, o dolor o simplemente contractura en la parte alta de la nuca, donde ésta se une a la cabeza. A la vez, expresa que cuando gira la cabeza siente ruidos de huesos a ese nivel.
Dolor de cabeza: muchos pacientes sienten dolor de cabeza (cefalea) en la frente pensando que tienen sinusitis o un tumor de cabeza. En general quienes padecen dolor de cabeza lo hacen frecuentemente, esto es varias veces a la semana o todos los días. Lamentablemente en ocasiones son tratados como si tuvieran sinusitis. La causa del dolor de cabeza en estos casos es la compresión del nervio suboccipital de Arnold que emerge de entre la primera vértebra cervical y el occipital y luego recorre la cabeza de atrás hacia adelante llegando a la frente. Por ello cuando el nervio es comprimido atrás produce un dolor neurálgico en la frente donde determina su recorrido.
Ante un paciente con estos síntomas el médico debe investigar la presencia de un síndrome tensional, cuya importancia es tal que su diagnóstico y ulterior solución brindará un alivio importantísimo en la vida del paciente. Si un paciente tiene acúfenos tipo silbidos, dolor de nuca, dolor de cabeza en la frente, ‘ruidos de huesos’ en la nuca al girar la cabeza, se está casi con seguridad ante un síndrome tensional. Se debe preguntar por otros síntomas que no siempre están presentes, pero que de estarlo indican un estado avanzado del síndrome:
Acroparestesias: son parestesias (hormigueos) en las extremidades, frecuentemente en las manos. Se presentan habitualmente al estar acostado en la cama y no son muy frecuentes, pero orientan al médico para completar el diagnostico del síndrome tensional y evaluar su grado de avance.
Mareos: se trata de sensación de inestabilidad que al paciente le cuesta explicar definidamente. No es como el vértigo, que es una sensación rotatoria, sino que es una sensación de estar caminando sobre algodones o una sensación extraña poco definida.
Vértigos: en casos extremos, los pacientes acuden con fuertes episodios de vértigo, que dominan la escena. Incluso en éstos casos el dolor de cabeza y los acúfenos pasan a un segundo o tercer plano. Pero si preguntamos al paciente como estaba unos días antes del episodio de vértigo nos dirá que se hallaba con cefalea, acufenos, mareos, contractura de nuca, etc.
El descartar una patología de oído que produzca acufenos e hipoacusia es importante en el diagnóstico diferencial del síndrome tensional, ya que excluye patologías óticas, sin embargo, un síndrome tensional puede hallarse concomitantemente a una patología de oído. Es decir que un paciente puede enfermarse del oído y también hacer un síndrome tensional.
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No sabemos con certeza que es lo que hace que una persona escuche sonidos cuando no hay una fuente sonora externa. Pero, el acúfenos o tinnitus puede ser un síntoma de casi cualquier trastorno auditivo, tales como:
La mayoría de los acúfenos son causados por un daño en las terminaciones nerviosas del oído interno. La integridad de estas terminaciones nerviosas es importante para una buena audición, y un daño en ellas conlleva una pérdida de la audición y en muchos casos puedes acabar con acúfenos. Generalmente las personas de edad avanzada están acompañadas de un deterioro de los nervios auditivos y de acúfenos. La exposición a ruidos fuertes es una causa importante de acúfenos y pérdida de la audición. Desafortunadamente, muchas personas no son conscientes de los efectos nocivos de los ruidos excesivos producidos por las industrias, las armas de fuego, la música con volumen muy alto y otros ruidos. Los audífonos de los equipos de música a volumen muy alto, son causantes de daños en los oídos, especialmente en los jóvenes.

Las causas de acúfenos también pueden ser por infecciones en los oídos, o alergias. En muchas ocasiones las causas de acúfenos pueden resultar por cuerpos extraños o cera en el conducto auditivo externo. La enfermedad de Meniere, es un trastorno del oído interno que involucra la hipoacusia y el vértigo. La presión arterial alta o baja, diabetes, problemas de la tiroides y una variada serie de otras causas de acúfenos específicos como: uso de antiinflamatorios, antibióticos, sedantes antidepresivos y aspirina (Una sobredosis de aspirina puede causar tinnitus dependiendo de la edad del paciente).
Además el acúfeno puede ser un síntoma de un tumor o aneurisma de la cabeza o cuello o un neurinoma del nervio acústico, los cuales son una amenaza para la vida.
Aunque las personas con acúfenos a menudo tienen problemas de audición, no se ha confirmado que exista una relación causal entre los acúfenos y la sordera parcial, o viceversa. Las personas que padecen acúfenos deben pedir una cita con un fonoaudiólogo para determinar si los acúfenos son producto de alguna afección médica.
En el caso de acúfenos pulsátiles (rítmicos) suelen estar asociados a problemas vasculares de cuello o cabeza (estenosis, aneurismas, hipertensión…) o a problemas cardíacos. Los acúfenos no pulsátiles suelen estar asociados a problemas del oído, alteraciones del riego y a distintos tratamientos médicos.
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Los acúfenos, o “zumbidos de oído” o “ruidos en la cabeza” se denomina a la percepción de un sonido sin que exista fuente sonora externa que lo origine. Puede afectar a uno de los oídos, a los dos o referirse a la cabeza. Se puede percibir como un tono puro y sencillo o, con más frecuencia, como ruidos complejos (murmullo de mar, chorro de vapor, grillo, timbre, etc.).
Es un síntoma tan frecuente que la mayoría de la población, en algún momento de su vida lo ha padecido, pero sólo en un pequeño porcentaje produce molestias suficientes para requerir su abordaje.
Es decir, los acúfenos son una experiencia subjetiva (solo los puede oír usted), en la que se escucha un ruido o zumbido sin que exista un sonido externo. En algunos casos el acúfeno puede ser escuchado por otra persona, sin embargo a estos no se les consideran como acúfenos o tinnitus sino como somatosonidos (sonidos fisiológicos que normalmente no oímos, ej.: latidos del corazón).
Todo individuo normal puede tener acúfenos en situaciones especiales. Un normoyente que entre en una cabina insonorizada y se siente en silencio acabará oyendo la actividad fisiológica de su propio oído. De forma general, estos sonidos son “enmascarados” por los ruidos de la actividad diaria. Si intentamos deliberadamente oírlos casi nunca lo conseguimos. Incluso en el silencio de la noche hay un nivel de ruido ambiental constante de por lo menos 25-30 dB, suficiente para impedir que escuchemos nuestros propios sonidos fisiológicos.
El acúfeno se presenta cuando estos sonidos internos son de niveles más altos en intensidad que el nivel de los sonidos ambientales. El acúfeno es un síntoma molesto cuyo origen no siempre es auditivo. No es una enfermedad ni un síndrome. Tiene que considerarse como un síntoma, como la fiebre a la gripe.
Algunos acúfenos suena como el zumbido agudo de algunos televisores o monitores de ordenador, otros son como el silbido de una caracola de mar, el correr del agua, campanadas, cristales rompiéndose, el canto de los grillos o el ruido de cadenas. Algunos personas notan como su acúfeno sube de volumen temporalmente ante en algunas situaciones, como al mover repentinamente la cabeza, a cada paso mientras corren o ante situaciones emocionalmente estresantes. Algunos acúfenos, llamados pulsátiles, suenan al compás del pulso del paciente.
Acúfenos subjetivos: Es una sensación auditiva de timbrazo, silbido, chasquido o cualquier otra clase de sonidos o ruidos. La palabra tinnitus deriva del latín tinnire, que literalmente significa tintinear. El tinnitus es un síntoma subjetivo en la mayoría de los pacientes. Este se acompaña frecuentemente de hipoacusia (disminución de la audición).
Acúfenos objetivos: El acúfeno objetivo es un fenómeno poco frecuente. Este término se refiere a un trono o sonido que puede ser escuchado por el paciente. Sin embargo, el término objetivo es algo equivoco. Como sinónimo del mismo se han utilizado adjetivos como dinámico, vibratorio y extrínseco. Este tipo de acúfeno se distingue del síntoma puramente subjetivo porqué el acúfenos es apreciable y puede ser apreciado por el otorrinolaringólogo. Un paciente puede presentar ambos tinnitus. Este ruido puede ser detectado con un estetoscopio. Este ruido suele ser de origen vascular o muscular, pero como ya hemos dicho anteriormente, es muy poco frecuente.